Mundial 2026: el reto ambiental detrás de la mayor Copa del Mundo de la historia
El Mundial 2026 podría generar hasta 9 millones de toneladas de CO₂. Expertos alertan sobre el impacto ambiental y las posibles soluciones sostenibles.
El Mundial de Futbol 2026 promete ser un evento histórico: por primera vez participarán 48 selecciones, se disputarán 104 partidos y habrá 16 ciudades sede repartidas entre México, Estados Unidos y Canadá. Sin embargo, detrás del espectáculo deportivo, expertos advierten que el torneo también representa un enorme desafío ambiental.
De acuerdo con estimaciones de especialistas en sostenibilidad y cambio climático, la Copa del Mundo 2026 podría generar hasta 9 millones de toneladas de dióxido de carbono (CO₂), una cifra comparable a las emisiones anuales de una ciudad de tamaño medio.
El principal foco de preocupación es el incremento en el transporte, especialmente el aéreo. Con más selecciones, aficionados y sedes dispersas en tres países, se prevé un aumento considerable en los vuelos internacionales y regionales.
Estudios preliminares señalan que las emisiones del transporte aéreo podrían crecer hasta 325% en comparación con ediciones anteriores del Mundial, debido a la mayor movilidad de equipos, cuerpos técnicos, prensa y millones de aficionados.
A esto se suma el impacto del tráfico terrestre, el consumo energético en estadios, hoteles y centros de entrenamiento, así como el uso intensivo de agua y generación de residuos en las ciudades anfitrionas.
El reto para México y las ciudades sede
En el caso de México, donde Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey serán sedes mundialistas, especialistas subrayan que el reto no solo será logístico, sino ambiental.
La presión sobre la infraestructura urbana, el transporte público y los servicios básicos podría incrementar la huella ecológica si no se implementan medidas claras de mitigación.
Organismos ambientalistas advierten que, sin una estrategia integral, el evento podría profundizar problemas ya existentes como la contaminación del aire, la congestión vial y el consumo excesivo de energía.
A pesar del panorama, expertos coinciden en que aún hay margen para reducir y compensar el impacto ambiental del Mundial 2026. En México, algunos proyectos ya muestran que existen rutas sostenibles posibles.
Iniciativas como “Teporingo Forever Forest”, enfocada en la reforestación y restauración de ecosistemas, buscan capturar carbono y fortalecer áreas naturales clave. A nivel urbano, los muros verdes del Metro de la Ciudad de México destacan como ejemplos de infraestructura que contribuye a mejorar la calidad del aire y reducir el impacto ambiental en zonas densamente pobladas.
Estas acciones, aunque aún limitadas frente a la magnitud del evento, reflejan que la sostenibilidad puede integrarse a la organización de megaeventos deportivos si existe voluntad política, inversión y coordinación entre gobiernos, iniciativa privada y sociedad civil.
Un Mundial bajo la lupa ambiental
El Mundial 2026 se perfila no solo como una prueba deportiva, sino como un termómetro global sobre la capacidad de los países anfitriones para organizar eventos masivos de manera responsable frente a la crisis climática.
Especialistas coinciden en que la clave estará en reducir emisiones, compensar el impacto inevitable y dejar un legado ambiental positivo, más allá de los estadios y la derrama económica.
La pregunta ya no es si el Mundial contaminará, sino qué tan preparados están los organizadores para minimizar su huella ecológica y convertir el torneo en un ejemplo de sostenibilidad para futuros eventos globales.
Te puede interesar
América sufre, pero arranca la pretemporada con triunfo ante Puebla


