Senegal vence a Marruecos con drama y reafirma el poder de la diáspora en la Copa Africana

Senegal derrota 1-0 a Marruecos en una final caótica de la Copa Africana 2026 marcada por polémica, diáspora y emoción.

Vanessa Juárez ·  19 DE ENERO DE 2026
Senegal vence a Marruecos.

La final de la Copa Africana de Naciones 2026 fue mucho más que un partido por un título continental. En Rabat, Senegal derrotó 1-0 a Marruecos en tiempo extra, en un duelo marcado por la tensión, la polémica arbitral y una carga simbólica profunda: la presencia decisiva de la diáspora africana, que hoy define buena parte del fútbol del continente.

El gol del campeonato lo anotó Pape Gueye, mediocampista del Villarreal, nacido en Francia, en un encuentro disputado en el estadio Príncipe Moulay Abdellah ante casi 70 mil aficionados, donde Marruecos jugaba como local y partía como favorito.

Un penal fallado que cambió la historia

El momento más dramático del partido llegó cuando el árbitro sancionó un penalti polémico a favor de Marruecos, tras una falta discutida sobre Brahim Díaz, jugador del Real Madrid, también nacido en Europa, específicamente en Málaga.

La decisión provocó una reacción airada de los futbolistas senegaleses, quienes abandonaron el campo y se refugiaron en los vestidores durante cerca de 15 minutos en señal de protesta. Fue la intervención del capitán Sadio Mané la que permitió que el partido se reanudara.

Brahim Díaz ejecutó el penal con un intento de Panenka, pero el disparo fue demasiado débil y terminó en las manos del arquero Édouard Mendy, nacido en Montivilliers, Francia, quien se convirtió en figura clave del título.

Ese fallo no solo marcó el destino del encuentro, sino que profundizó la frustración de Marruecos, que no gana la Copa Africana desde 1976, pese a su reciente éxito en el Mundial de Qatar 2022, donde fue cuarto lugar.

La diáspora, protagonista silenciosa del fútbol africano

Esta final fue un reflejo claro del impacto de la migración africana en el deporte. Una tercera parte de los futbolistas del torneo no nació en África, y al menos 135 jugadores militan en las principales ligas europeas.

En Marruecos, la mitad de la plantilla nació en Europa; en Senegal, 12 de los 28 convocados también tienen ese origen. Son hijos y nietos de migrantes que dejaron el continente escapando de la pobreza, la violencia o las secuelas del colonialismo, y que hoy regresan simbólicamente a través del fútbol.

Brahim Díaz ha resumido esta identidad dual con una frase que volvió a resonar tras la final:

“Me siento cien por ciento español y cien por ciento marroquí”.

Celebraciones divididas entre África y Europa

Mientras en Dakar, la capital senegalesa, las calles se llenaron de fuegos artificiales, bocinazos y bailes, el gobierno decretó día de descanso nacional para prolongar los festejos.

En contraste, en París, ciudad donde nacieron más de 100 futbolistas del torneo, la policía prohibió concentraciones en los Campos Elíseos por motivos de seguridad, una medida que evidenció la distancia entre la celebración deportiva y las tensiones sociales que rodean a las comunidades migrantes.

Aun así, senegaleses y marroquíes siguieron el partido desde distintas ciudades europeas, compartiendo rivalidad, pero también una fraternidad marcada por el exilio y las raíces comunes.

Senegal mira al Mundial 2026 con ambición

El título llega en un momento clave para Senegal, que se prepara para el Mundial de 2026, aunque con incertidumbre: el país africano figura en una lista de naciones con restricciones parciales o totales de visa hacia Estados Unidos, impulsadas durante la administración de Donald Trump.

Pese a ello, el optimismo domina.

“El mundo tiene que saber que Senegal ya no es un equipo pequeño; es un equipo al que hay que temer”, afirmó Sidy Sylla, estudiante en Dakar, durante los festejos.

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