Enero: cuando el trabajo regresa antes que las ganas
Enero no es el mes de la inspiración inmediata. Para muchas personas es un periodo de cansancio físico, emocional y financiero, y atravesarlo con empatía también es avanzar.
Enero es ese silencio incómodo después de una fiesta larga. Cuando la música se apaga, las luces se prenden y toca recoger lo que quedó… No hay aplausos, no hay brindis, no hay discursos inspiradores.
Hay pendientes, estados de cuenta y una lista mental de cosas que “este año sí voy a hacer”, aunque todavía no sepas cómo.
Por eso enero no llega con energía….. Llega con supervivencia.
Durante años nos han vendido la idea de que el inicio del año debe venir acompañado de claridad, motivación y metas perfectamente definidas. Que el día dos de enero ya deberíamos saber quién queremos ser, cuánto queremos ganar y cómo vamos a lograrlo. Pero la realidad es otra, mucho más humana: la mayoría de las personas llegan a enero cansadas, ajustadas económicamente y emocionalmente saturadas.
Y eso no es un defecto personal. Es un proceso.
En el trabajo, enero suele sentirse pesado. Las agendas se llenan rápido, los correos regresan con urgencia y las expectativas parecen no haber tomado vacaciones. Se espera foco, compromiso y productividad inmediata, cuando internamente muchas personas todavía están acomodándose por dentro.
La verdad incómoda es esta: no todos empiezan el año con metas claras, y está bien.
Desde Recursos Humanos, a veces olvidamos que antes de hablar de desempeño, objetivos o resultados, estamos tratando con personas que vienen de contextos distintos, con cargas diferentes y ritmos propios. Enero no es el mes para exigir inspiración; es el mes para acompañar la adaptación.
Porque sobrevivir también es avanzar. Sobrevivir es cumplir aunque cueste. Es levantarse sin motivación, pero con responsabilidad. Es llegar al trabajo sin todas las respuestas, pero con la intención de hacerlo lo mejor posible.
Y eso ya es mucho.
Tal vez enero no se trata de reinventarse, sino de sostenerse. De ser más amables con nosotros mismos y con los demás. De entender que no todo arranque tiene que ser brillante para ser valioso. La motivación real no siempre aparece en enero. A veces llega después, cuando el cuerpo, la mente y la vida vuelven a acomodarse. Mientras tanto, sobrevivir con dignidad, empatía y humanidad es más que suficiente.
Si este inicio de año te sientes así, no estás fallando.
Estás viviendo enero como lo vive la mayoría: paso a paso. Y desde ahí, también se construye un buen año.
Algunos tips para sobrevivir enero (sin romantizarlo)
No te exijas claridad inmediata
Si no tienes metas definidas aún, no estás atrasado. Estás procesando. La claridad también se construye con el tiempo, no solo con entusiasmo.
Haz menos, pero hazlo bien
Enero no es para correr, es para retomar ritmo. Prioriza lo indispensable y date permiso de no poder con todo.
Sé amable con tu energía
No todos los días se rinde igual, y eso no te hace menos profesional. Escuchar tu nivel de energía también es una forma de responsabilidad.
No tomes decisiones grandes desde el cansancio
Enero suele exagerar las dudas. A veces no es que tu trabajo, tu jefe o tu vida estén mal… es que estás cansado.
Recuerda que sostenerte también es un logro
Llegar, cumplir, responder, estar presente… aunque cueste, también cuenta. Tal vez enero no viene a exigirnos grandeza. Tal vez viene a preguntarnos si sabemos sostenernos cuando la euforia se va. Cuando no hay aplausos. Cuando las metas aún no se ordenan. Cuando la motivación no aparece, pero la vida sigue.
Porque empezar un año no siempre significa avanzar con fuerza. A veces significa no rendirse. Permanecer. Respirar. Cumplir sin aplastarnos.
Si este inicio de año no te sientes inspirado, no te juzgues. No estás fallando. Estás atravesando. Y atravesar enero con honestidad, conciencia y humanidad también es una forma muy poderosa de empezar de nuevo.
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