Crece la resistencia civil en Estados Unidos frente a las políticas migratorias de Trump: “Contra el ICE, el poder del pueblo”
Crece en EE.UU. la resistencia civil contra el ICE y las políticas migratorias de Trump. Comunidades se organizan y alertan sobre riesgos a la democracia.
Estados Unidos vive uno de los momentos de mayor movilización social de las últimas décadas. Aunque las masivas marchas contra el presidente Donald Trump concentran la atención mediática, en el fondo se está gestando algo más profundo: una resistencia civil organizada, cotidiana y extendida que va mucho más allá de las protestas visibles.
Bajo la consigna “Contra el ICE, el poder del pueblo”, comunidades enteras se han activado para enfrentar lo que consideran una ofensiva autoritaria del gobierno federal, especialmente en materia migratoria. De acuerdo con los sondeos más recientes, casi dos tercios de la población estadounidense desaprueba la gestión de Trump, pero lo significativo es que una parte creciente de ese rechazo se ha traducido en acción colectiva organizada.
Minneapolis, el epicentro de la resistencia
Por ahora, Minneapolis, Minnesota, se ha convertido en el principal foco de este movimiento. Ahí, líderes religiosos, sindicatos, maestros, estudiantes, enfermeras, artistas y organizaciones comunitarias han conformado una red de resistencia frente al despliegue de casi 3 mil agentes federales del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), la Patrulla Fronteriza y otras agencias.
Los activistas denuncian que estos operativos se realizan con fuerzas armadas, encapuchadas y con escasa rendición de cuentas, incluso en casos donde dos ciudadanos estadounidenses han muerto durante acciones federales, hechos que han encendido las alarmas sobre el uso de la fuerza del Estado.
Un paro histórico y la resistencia no violenta
El pasado viernes, decenas de miles de personas participaron en un paro general de un día, una acción sin precedentes recientes que incluyó el cierre de comercios, escuelas y empresas. Más que una protesta simbólica, fue una demostración de resistencia civil no violenta, cuidadosamente organizada y disciplinada.
Además de las marchas, el movimiento ha desarrollado estrategias comunitarias de protección, entre ellas:
- Brigadas de alerta para avisar sobre operativos del ICE
- Redes de apoyo para garantizar alimentos y medicamentos a familias que temen salir de casa
- Escoltas comunitarias para niñas y niños de familias migrantes
- Talleres legales para que vecinos conozcan y ejerzan sus derechos civiles
Este modelo de organización se ha replicado rápidamente en Los Ángeles, Chicago, Portland, Maine, Charlotte, Nueva Orleans, así como en pueblos pequeños y suburbios de todo el país.
Amenazas desde la Casa Blanca y respuesta social
Ante el crecimiento de la oposición, la Casa Blanca ha elevado el tono. Trump y sus aliados han amenazado con desplegar tropas militares contra ciudadanos estadounidenses, incluso invocando la Ley de Insurrección, una norma histórica utilizada en contextos extremos.
Las protestas han sido calificadas por el gobierno como acciones de una supuesta “izquierda radical”, “anarquistas” o incluso “terroristas domésticos”. En Los Ángeles, estas amenazas se materializaron con el envío de la Guardia Nacional y elementos del Cuerpo de Marines, un hecho que generó fuerte controversia.
Pese a ello, el movimiento ha mantenido una estricta línea no violenta, consciente de que una respuesta agresiva podría justificar una represión mayor.
De la defensa migrante a la defensa de la democracia
Aunque la resistencia surgió inicialmente desde organizaciones de inmigrantes, hoy se ha transformado en un mosaico social sin precedentes. Participan comunidades:
- Latinas, africanas y asiáticas
- Indígenas estadounidenses (algunos detenidos erróneamente por agentes migratorios)
- Líderes católicos, protestantes, musulmanes y judíos
- Trabajadores, estudiantes y artistas
Las consignas ya no solo defienden a los inmigrantes, sino que alertan sobre el deterioro democrático, con mensajes contra el autoritarismo, el fascismo y la concentración del poder.
Expertos alertan sobre patrones autoritarios
La politóloga y experta en movimientos pacíficos Maria Stephan señaló recientemente que Estados Unidos vive un “florecimiento de la resistencia civil no violenta”, comparable al movimiento por los derechos civiles de los años 60.
Advirtió que criminalizar a los manifestantes es una táctica común de regímenes autoritarios y subrayó que la combinación de disciplina no violenta, humor, arte y alegría —como bailes, disfraces y música frente a agentes armados— debilita el miedo y fortalece el tejido social.
El regreso del activismo histórico
La actriz y activista Jane Fonda también se ha sumado a esta ola, anunciando la reactivación del Comité por la Primera Enmienda, una organización creada en los años del macartismo para defender la libertad de expresión.
Fonda advirtió que hoy se están cruzando líneas peligrosas: detenciones arbitrarias, deportaciones de ciudadanos, uso excesivo de la fuerza y ataques a universidades y artistas. Su llamado es claro: organización, solidaridad y resistencia colectiva.
Artistas y cultura, parte del movimiento
La resistencia también se expresa desde la cultura. Músicos como Green Day, Bruce Springsteen, Bad Bunny, Billie Eilish, Dave Matthews y actores como Mark Ruffalo, Olivia Wilde y Edward Norton han manifestado públicamente su apoyo a las protestas y su rechazo a las políticas antimigrantes.
Hoy, la resistencia contra Trump ya no es un episodio aislado, sino un fenómeno nacional en expansión, con una narrativa clara: defender a las comunidades vulnerables es también defender la democracia estadounidense.
Como circuló en redes tras las movilizaciones en Minnesota:
“Esto no es un momento, es un modelo. Que siga en cada ciudad.”
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