La gestión del gasto, una prioridad estratégica en tiempos de volatilidad
En un entorno marcado por volatilidad, aranceles cambiantes y presión sobre márgenes, la gestión estratégica del gasto se convierte en una defensa clave para las empresas. Expertos advierten que ver y analizar cada peso que sale de caja ya no es opcional, sino crítico.
El entorno empresarial en Latinoamérica atraviesa un momento decisivo. La combinación de incertidumbre macroeconómica, volatilidad en aranceles, presiones inflacionarias y prácticas comerciales desleales, como el dumping, está obligando a las empresas a replantear sus prioridades. En este escenario, vender más ya no garantiza mejores resultados: la rentabilidad depende cada vez más de cómo se administra el gasto.
De acuerdo con Jorge Chávez, Managing Director en Ankura, “hoy ya no basta con vender más; la rentabilidad depende, en gran medida, de la inteligencia con la que blindamos cada peso que sale de la caja”.
Esta visión refleja una realidad que muchos directores generales y financieros ya enfrentan: no ver el gasto con claridad se ha convertido en un riesgo estratégico.
De una función administrativa a un rol estratégico
Tradicionalmente, el área de Compras ha sido vista como un centro operativo encargado de procesar requisiciones y negociar precios. Sin embargo, este enfoque resulta insuficiente frente a la volatilidad actual.
Chávez subraya que, ante esta “tormenta perfecta”, el Chief Procurement Officer (CPO) debe ocupar un lugar en la mesa de decisiones estratégicas.
“El área de Compras debe evolucionar para mitigar riesgos financieros y garantizar la continuidad del negocio, no solo para reportar ahorros”, señala el directivo de Ankura.
No obstante, en Latinoamérica persiste un rezago importante: muchas organizaciones siguen gestionando millones de dólares con procesos manuales y herramientas desconectadas, lo que limita la capacidad de análisis y reacción.
El riesgo silencioso: falta de compliance
Uno de los costos menos visibles, pero más elevados, de no tener control del gasto es la falta de compliance. Sin una gobernanza digital sólida, las empresas quedan expuestas a riesgos fiscales, sanciones regulatorias y problemas de reputación.
Entre los principales focos de alerta destacan:
- Riesgos fiscales y regulatorios, por falta de trazabilidad en pagos y proveedores.
- Fraude y conflictos de interés, derivados de procesos opacos.
- Compras “maverick”, es decir, fuera de contrato, que erosionan el margen y pueden incumplir estándares de calidad o sostenibilidad (ESG).
Total Spend Management: ver todo para decidir mejor
Ante este panorama, Ankura propone adoptar una visión de Total Spend Management (TSM), un enfoque que va más allá del ahorro aislado y busca controlar de forma integral todo el gasto: directo, indirecto y de servicios.
Para lograr resultados tangibles, Chávez destaca cinco prácticas clave:
1. Visibilidad total del gasto
Centralizar la información permite entender quién gasta, en qué y con qué proveedores, fortaleciendo la posición de negociación.
2. Compliance automatizado
Políticas como “No PO, No Pay” ayudan a asegurar que el gasto cumpla las reglas internas, con controles claros y graduales.
3. Gestión de riesgo de proveedores
Evaluar la salud financiera y legal de los socios comerciales reduce interrupciones en la cadena de suministro.
4. Digitalización del ciclo Source-to-Pay
Eliminar procesos manuales disminuye errores y libera talento para tareas de mayor valor estratégico.
5. Optimización del capital de trabajo
La tecnología permite mejorar términos de pago y aprovechar descuentos por pronto pago, fortaleciendo la liquidez.
Tecnología y experiencia como ventaja competitiva
La transformación hacia el TSM requiere más que intención. Según Ankura, la clave está en combinar experiencia consultiva con tecnología de clase mundial.
A través de su alianza con Coupa, la firma impulsa plataformas que integran inteligencia artificial y datos reales de miles de proveedores, ofreciendo mayor transparencia y capacidad de decisión.
En un contexto de márgenes estrechos y alta volatilidad, la conclusión es clara: ver, analizar y gobernar el gasto ya no es una opción operativa, sino una defensa estratégica que puede marcar la diferencia entre resistir o ceder ante la incertidumbre económica.

