Sergio Mayer: diputado con licencia para un reality, el espectáculo por encima del encargo público
El diputado Sergio Mayer solicitó licencia por tiempo indefinido para participar en La Casa de los Famosos. La decisión genera debate sobre ética pública, representación y uso del cargo.
El diputado federal Sergio Mayer obtuvo licencia “por tiempo indefinido” para separarse de su curul y participar en el reality show La Casa de los Famosos. Es legal. Sí. Pero no todo lo legal es políticamente defendible.
El problema no es jurídico; es ético.
Un legislador no es un influencer con cargo temporal. Es un representante popular electo para deliberar, legislar y fiscalizar. El escaño no es una sala de espera entre proyectos personales ni una pausa laboral que se activa cuando surge una mejor oferta mediática.
La banalización del encargo público
La licencia indefinida para ingresar a un programa de televisión envía un mensaje inquietante: que la función legislativa puede ponerse en pausa sin mayor consecuencia política.
En un país con graves pendientes en seguridad, economía y justicia social, la imagen de un diputado cambiando la tribuna parlamentaria por una casa televisada 24/7 no fortalece la confianza ciudadana. La erosiona. Porque más allá de que exista un suplente, el mandato fue otorgado a una persona específica. El voto no fue intercambiable.
Política espectáculo: la línea que ya no existe
México no es ajeno a la mezcla entre entretenimiento y poder. Pero cuando un legislador en funciones decide priorizar un reality, la frontera desaparece por completo.
¿Se utiliza el cargo como trampolín de posicionamiento?
¿Se convierte la representación popular en branding personal?
¿Se trivializa la investidura?
La participación en un formato diseñado para el conflicto, la confrontación y el rating coloca inevitablemente al Congreso en el terreno del espectáculo.
Legalidad vs. responsabilidad
La ley permite la licencia. Pero la ética pública exige algo más que cumplir el reglamento.
Un legislador tiene:
- Responsabilidad permanente con sus electores
- Compromiso con la agenda legislativa
- Deber institucional con el Congreso
Separarse para atender una emergencia personal es comprensible. Hacerlo para competir en un programa televisivo es otra cosa.
El costo simbólico
El daño no se mide en votos perdidos en el pleno. Se mide en percepción pública. En un contexto de desconfianza estructural hacia la clase política, decisiones como esta refuerzan la narrativa de que el cargo público es accesorio, intercambiable y subordinado a intereses individuales.
El riesgo no es solo para quien solicita la licencia. Es para la institución.
El caso revela una debilidad mayor: la falta de una cultura política que coloque el servicio público por encima del protagonismo personal. La pregunta no es si Sergio Mayer puede entrar a La Casa de los Famosos. La pregunta es si un diputado debería hacerlo mientras su periodo constitucional sigue vigente.
Cuando el espectáculo ocupa el lugar de la representación, la política pierde solemnidad y la ciudadanía pierde referentes. Y eso, aunque sea legal, no deja de ser profundamente preocupante.
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