Mujeres en la economía mexicana: el siglo que cambió todo… y la brecha que aún cuesta millones al país
En 100 años, las mujeres en México pasaron del analfabetismo masivo a liderar universidades y empresas. Pero la brecha salarial, la informalidad y la violencia siguen frenando su autonomía económica.
Hace cien años, la mayoría de las mujeres mexicanas no sabía leer ni escribir y su presencia en la vida pública era casi inexistente. Hoy son mayoría en las universidades y casi la mitad participa en el mercado laboral. El salto es histórico. Pero la igualdad económica todavía no llega.
Un análisis del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) revela una realidad dual: progreso contundente en educación y representación, pero rezagos persistentes en ingreso, formalidad y seguridad.
El giro educativo que lo cambió todo
A principios del siglo XX, el 78% de las mujeres era analfabeta. La expansión educativa impulsada tras la creación de la Secretaría de Educación Pública marcó un antes y un después.
Para 2020:
- El analfabetismo femenino cayó a 5%.
- Las mujeres superaron en matrícula a los hombres en educación superior.
- Pasaron de 3 mil universitarias en 1950 a 2.6 millones en 2020.
Sin embargo, muchas siguen concentradas en carreras relacionadas con cuidado y docencia —las de menor ingreso promedio— mientras los hombres predominan en ingenierías y tecnología.
Trabajan más, pero ganan menos
En 1900 solo 6% de las mujeres en edad productiva tenía empleo. Para 2020 la cifra alcanzó 49%.
Pero el ingreso sigue siendo desigual:
- La brecha salarial es de 13%.
- Por cada 100 pesos que gana un hombre, una mujer recibe 87.
- Más de la mitad trabaja en la informalidad.
- Solo 34% tiene ahorro para el retiro (vs. 50% de los hombres).
Las interrupciones laborales por maternidad y la falta de sistemas de cuidados robustos impactan su trayectoria profesional.
El trabajo invisible que sostiene al país
Mientras su presencia en oficinas y empresas crece, las mujeres continúan cargando con la mayor parte del trabajo doméstico.
- 40 horas semanales en cuidados y labores del hogar.
- Los hombres dedican 16 horas en promedio.
Ese trabajo no remunerado representa 26% del PIB nacional, más que sectores como comercio o manufactura.
Aunque la participación masculina en cuidados ha aumentado, la desigualdad persiste.
Violencia: el freno silencioso
La inclusión económica también se ve afectada por la violencia de género.
- 1 de cada 5 mujeres ha sufrido violencia laboral.
- 11% ha enfrentado violencia familiar.
- La tasa de homicidios contra mujeres alcanzó un pico histórico en 2021.
La Organización Mundial de la Salud considera la violencia de género un problema de salud pública global.
Más poder político, pero con resistencia
Desde que las mujeres obtuvieron el derecho al voto en 1953, la representación política ha crecido de manera sostenida.
Las reformas de paridad impulsadas en la última década transformaron el Congreso y gobiernos locales. Sin embargo:
- 15 estados aún no han tenido gobernadora.
- El Instituto Nacional Electoral ha impuesto cientos de sanciones por violencia política de género en los últimos años.
La presencia femenina en espacios de decisión aumenta, pero la resistencia cultural sigue latente.
¿Qué falta para cerrar la brecha?
El IMCO propone medidas estructurales:
- Licencias parentales compartidas y pagadas.
- Horarios flexibles sin castigar el salario.
- Evaluación por productividad y no por disponibilidad permanente.
- Sistemas de cuidados más amplios y accesibles.
A nivel global, el Foro Económico Mundial estima que faltan 123 años para alcanzar la paridad total si no se acelera el cambio.
El balance del siglo
✔ Más educación
✔ Más empleo
✔ Más representación política
✖ Menor salario promedio
✖ Mayor carga de cuidados
✖ Alta informalidad
✖ Persistencia de violencia
Lo que revela el panorama
México no es el mismo país para las mujeres que hace 100 años. La transformación es innegable. Pero la igualdad económica real aún depende de decisiones estructurales que redistribuyan tiempo, oportunidades y poder.
La pregunta no es si el avance es posible —la historia ya lo demostró— sino si el país está dispuesto a acelerar el paso.
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