Exigen plan ambiental para proteger la selva ante segunda fase del Tren Maya

ONG ambientales exigen al gobierno mexicano un plan integral que evite que la segunda fase del Tren Maya impacte negativamente la selva maya y sus ecosistemas, ante riesgos de deforestación, colapso del suelo kárstico y amenazas a especies en peligro.

Adolfo Flores ·  20 DE ENERO DE 2026
Activistas de Greenpeace demandan medidas ambientales firmes para proteger la selva maya frente a la expansión de la infraestructura del Tren Maya.

Organizaciones no gubernamentales ambientales intensifican su llamado al gobierno federal para que la segunda fase del Tren Maya, uno de los proyectos de infraestructura más ambiciosos en México, sea acompañada de un plan territorial y ecológico que garantice la protección de la selva maya, su biodiversidad y los sistemas naturales que la sustentan.

El foco de la exigencia recae sobre la etapa de servicio de carga, que la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) planea ejecutar este año y que, según los activistas, carece de un marco de planificación ambiental suficiente que contemple los impactos existentes y futuros sobre los ecosistemas de la península.

Urgencia de un plan integral para la selva

Entre los ambientalistas interesados en que este proyecto no impacte a la naturaleza está Carlos Samayoa, director de Mexicanos al Grito de la Selva y colaborador de Greenpeace, quien en una entrevista realizada por El Financiero, destacó que a pesar de que el Tren Maya ya opera y ha tenido impactos ambientales evidentes —incluida la pérdida de millones de árboles— la fase de carga podría agudizar más la afectación a la selva si no se implementa un plan ambiental riguroso y participativo.

Este plan, según los defensores del medio ambiente, debería incluir corredores biológicos que aseguren la conectividad de hábitats, la protección del acuífero subterráneo y la delimitación clara de zonas que no pueden ser intervenidas, más allá de la implementación de medidas aisladas como el retiro de mallas de construcción.

Riesgos geológicos y ambientales adicionales

Los señalamientos de las ONG coinciden con alertas técnicas sobre la zona donde se desarrolla parte de la infraestructura ferroviaria.

Expertos han advertido de que la vía elevada del tramo que conecta Cancún y Tulum atraviesa un suelo de tipo kárstico, caracterizado por ser poroso y estar formado por cavernas y cenotes.

Ingenieros civiles y espeleólogos han dicho que más de 7 000 pilotes construidos sobre este terreno podrían enfrentar hundimientos o deformaciones, poniendo en riesgo la estabilidad de la infraestructura y de los ecosistemas subterráneos que sostienen la región.

Además de los riesgos geológicos, investigaciones y reportes previos han documentado que decenas de hectáreas de selva han sido removidas, y que fragmentar estos hábitats no solo amenaza a especies emblemáticas como el jaguar o el tapir, sino que altera procesos hidrológicos esenciales para el equilibrio del ecosistema.

Diálogo con autoridades

Las organizaciones han expresado que, aunque han encontrado cierta apertura por parte de las autoridades ambientales, aún no existe un compromiso público y formal que garantice la implementación de un plan territorial y ecológico robusto.

Samayoa y otros activistas también han señalado que las modificaciones recientes a la Ley de Amparo complican el acceso a la justicia ambiental, lo que podría limitar las posibilidades de revisión judicial de decisiones que afecten negativamente a los ecosistemas.

El Tren Maya sigue siendo uno de los proyectos más emblemáticos y controvertidos del gobierno mexicano. Mientras las autoridades lo promocionan como un motor de desarrollo y conectividad regional, las voces críticas —incluidas ONG, expertos y comunidades locales— advierten que sin un plan ambiental sólido y vinculante, los beneficios pueden verse eclipsados por impactos ambientales irreversibles.

Te puede interesar:
Tren Maya cierra el año con 20 paquetes turísticos y estrena el “Expreso de Año Nuevo”

QUIZÁS PODRÍA INTERESARTE