Noroña: de reclamos en la calle al desaire en el Senado
Gerardo Fernández Noroña se queja de “ciudadanos abusivos” y sufre un desaire en el Senado, donde ni siquiera Adán Augusto se dignó llegar a su develación. ¿Será que nadie lo tolera? Irónico repaso a las tribulaciones del senador.
Si de algo puede presumir el senador Gerardo Fernández Noroña es de sensibilidad a flor de piel, aunque la fuente de esa sensibilidad varíe según convenga. Esta semana, un trascendido de la columna Bajo Reserva no sólo lo pinta como víctima de “ciudadanos abusivos” —que no lo dejan en paz— sino que además lo ubica en un curioso nicho: el de político que, aparentemente, hasta sus compañeros le hacen el vacío.
En la columna de El Universal, se relata cómo Noroña, siempre listo para declararse afectado por cualquier estímulo externo, se quejó amargamente de que personas lo increparon en un restaurante en Tepoztlán, le tomaron fotos “sin permiso”, y le gritaron improperios que, por supuesto, él relacionó de inmediato con la oposición (porque ¿quién más?).
Al parecer, incluso en el chat de Morena nadie responde a sus mensajes. ¿Será que hasta los emojis lo ignoran?…
El Senado: ni su propio cuadro lo respalda
Pero el drama no termina en la calle. Cuando Noroña quiso completar su epopeya personal con un clásico ritual político —la develación de su retrato oficial en el Senado— el efecto fue, digamos, anticlimático.
Según se dijo entre los pasillos del Senado de la República, esperaron hasta 30 minutos por su coordinador parlamentario, Adán Augusto López, quien ni con GPS llegó a tiempo al evento protocolario. No parece un detalle menor cuando se supone que esa figura debía ser parte esencial de la ceremonia.
La ceremonia, celebrada en la Vieja Casona de Xicoténcatl, contó con la presencia de unas cuantas senadoras de Morena, mientras que el resto del salón quizás estaba ocupado revisando tweets o viendo si ya empezaba el partido. Pocos asistentes en un evento de retrato oficial.
¿Nadie lo tolera? Una lectura irónica del momento
El panorama cala más profundo si se observa con ironía: un senador que se queja de “abusos ciudadanos”, incapaz de lograr respuesta en el chat de su grupo parlamentario y con un acto oficial al que sus propios aliados no se dignan asistir. Si la política fuera una obra de teatro, Noroña sería el protagonista de una comedia de situaciones, con monólogos espectaculares… y público disperso.
No es la primera vez que Fernández Noroña está en medio de una controversia que oscila entre lo serio y lo pintoresco. Su presencia “indefensa” en algunos escenarios contrasta con otras polémicas en el pasado, desde confrontaciones acaloradas en sesiones de Congreso hasta interpretaciones pirotécnicas de discursos políticos que llenan más titulares que consensos.
Entre ironías y realidades políticas
Finalmente, lo de los reclamos, los silencios en el chat y el desaire de su coordinación parlamentaria dejan una sensación curiosa: la de un político que clama atención mientras la atención parece decirle “más tarde”.
Si bien la queja puede ser legítima o resignada, también invita a preguntarse si, en efecto, alguien lo tolera tanto como él tolera a sus críticos. Porque, como dicen en la jerga política, a veces la indiferencia es la forma más sofisticada de desaire.


