PRI pierde la presidencia de la Cámara de Diputados por primera vez en una Legislatura

El PRI dejará de presidir la Cámara de Diputados por primera vez en una Legislatura. La caída electoral también golpea su presencia en los congresos estatales.

Adolfo Flores · Hace 1 hora
PRI pierde un histórico privilegio en la Cámara de Diputados tras convertirse en la quinta fuerza política.
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El Partido Revolucionario Institucional (PRI) enfrentará uno de los episodios más simbólicos de su historia política reciente. Después de mantener presencia en la conducción de la Cámara de Diputados durante prácticamente siete décadas consecutivas, el partido no ocupará la presidencia de la Mesa Directiva en ningún momento de la actual LXVI Legislatura, una consecuencia directa del desplome electoral que lo convirtió en la quinta fuerza política dentro de San Lázaro.

La decisión no obedece a un cambio reglamentario, sino al nuevo equilibrio de fuerzas surgido tras las elecciones federales. Conforme a los acuerdos parlamentarios que distribuyen la presidencia de la Mesa Directiva entre los grupos legislativos con mayor representación, el espacio que tradicionalmente correspondía al PRI será ocupado ahora por el Partido Verde Ecologista de México (PVEM), antiguo aliado del priismo durante décadas.

Este hecho marca el cierre de una etapa histórica para un partido que durante gran parte del siglo XX controló prácticamente todos los espacios de poder en México.

Una hegemonía que duró décadas

Desde la fundación del entonces Partido Nacional Revolucionario (PNR) en 1929, organización creada por Plutarco Elías Calles y que posteriormente evolucionó al Partido de la Revolución Mexicana (PRM) en 1938 y finalmente al PRI en 1946, el partido construyó una de las hegemonías políticas más prolongadas de América Latina.

Durante décadas dominó la Presidencia de la República, la mayoría de los gobiernos estatales, el Congreso de la Unión y prácticamente todos los congresos locales.

Hasta finales de los años setenta, el Poder Legislativo funcionó bajo una amplia mayoría priista. La reforma política de 1977, impulsada durante el gobierno de José López Portillo, introdujo los diputados de representación proporcional, conocidos como plurinominales, permitiendo una mayor participación de los partidos de oposición y comenzando un proceso gradual de pluralidad política.

Sin embargo, el PRI conservó la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados hasta 1997, cuando por primera vez perdió el control total de San Lázaro, obligándolo a negociar con otras fuerzas políticas.

El cambio institucional que transformó el Congreso

Otra transformación decisiva ocurrió a finales de la década de los noventa con la desaparición de la llamada Gran Comisión, órgano que durante décadas concentró el control político del Congreso.

En su lugar surgieron la Junta de Coordinación Política y una Mesa Directiva con una integración más plural, cuya presidencia comenzó a rotarse entre las principales fuerzas representadas en la Cámara.

Gracias a su peso parlamentario, el PRI siempre logró presidir la Mesa Directiva al menos durante uno de los tres años de cada Legislatura, incluso después de perder la mayoría absoluta.

Ese ciclo llegará a su fin en la actual Legislatura, debido a que el partido ya no forma parte de las cuatro bancadas con mayor representación.

De partido dominante a quinta fuerza política

El resultado de las elecciones federales redujo al PRI a una posición inédita dentro del Congreso.

Por primera vez desde la instauración del actual esquema parlamentario, el partido quedó relegado detrás de Morena, PAN, PVEM y Movimiento Ciudadano, perdiendo la posibilidad de encabezar la Mesa Directiva.

El cambio refleja el deterioro electoral que el tricolor ha experimentado durante las últimas dos décadas, especialmente tras perder la Presidencia de la República en el año 2000 y sufrir derrotas consecutivas en procesos federales y estatales.

La crisis también alcanza a los congresos estatales

La disminución del PRI no se limita al ámbito federal.

Actualmente, el partido mantiene una representación mínima en la mayoría de los congresos locales del país.

De acuerdo con la integración de las legislaturas estatales, el PRI suma apenas 89 diputados locales entre las 32 entidades federativas. De ellos, únicamente 35 fueron electos por mayoría relativa, mientras que 54 llegaron mediante representación proporcional.

La situación resulta aún más complicada en 14 estados, donde el partido cuenta con un solo diputado local, reduciendo significativamente su capacidad de negociación y de construcción de acuerdos parlamentarios.

Sólo dos gobiernos estatales permanecen en manos del PRI

El retroceso electoral también se refleja en el mapa político nacional.

Actualmente el PRI únicamente gobierna Coahuila y Durango, muy lejos de los años en que controlaba prácticamente todas las entidades del país.

En Durango, incluso siendo el partido del gobernador, Morena mantiene la primera fuerza dentro del Congreso local, limitando el margen de maniobra del Ejecutivo estatal.

Coahuila representa el último gran bastión priista. Tras la elección local más reciente, el partido ganó la totalidad de los distritos de mayoría relativa, lo que le permitió conservar el control absoluto del Congreso estatal, una condición que ya no posee en ninguna otra entidad.

Una transformación histórica del sistema político mexicano

Especialistas coinciden en que la pérdida de la presidencia de la Mesa Directiva tiene un fuerte valor simbólico porque refleja la transformación del sistema de partidos en México.

El PRI pasó de ser la fuerza política dominante durante gran parte del siglo XX a ocupar una posición minoritaria dentro del Congreso federal, mientras Morena concentra actualmente la mayor representación legislativa junto con sus aliados.

Aunque el partido conserva presencia institucional y continúa gobernando dos estados, los resultados electorales de los últimos años muestran que enfrenta el mayor desafío de su historia para recuperar competitividad y reconstruir una estructura política que durante décadas fue considerada la más sólida del país.

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