Grasas trans: El enemigo oculto en tu comida

Cocinar de forma casera y revisar etiquetas ayuda a tomar mejores decisiones. La clave está en elegir grasas que nutran, no que dañen el organismo.

JLR ·  24 DE NOVIEMBRE DE 2025
Tomar conciencia del tipo de grasa que consumimos es un paso esencial para cuidar el bienestar.

Las grasas trans son un tipo de grasa modificada industrialmente para mejorar la textura y duración de los alimentos. Se forman cuando los aceites vegetales líquidos pasan por un proceso llamado hidrogenación, que los solidifica parcialmente.

Este cambio químico las hace más estables, pero también más dañinas para el organismo. Por eso se consideran uno de los peores tipos de grasas para la salud.

El principal problema de las grasas trans es su impacto en el corazón. Aumentan el colesterol LDL (el “malo”) y reducen el colesterol HDL (el “bueno”), creando un desequilibrio que favorece la acumulación de placa en las arterias.

Con el tiempo, este proceso eleva el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Incluso pequeñas cantidades pueden tener un efecto negativo.

Además, las grasas trans generan inflamación en el cuerpo, lo que afecta múltiples sistemas. Se han relacionado con mayor riesgo de diabetes tipo 2 y resistencia a la insulina. También pueden alterar la función de las células y perjudicar el metabolismo.

  • Su consumo frecuente, aunque sea sin darnos cuenta, tiene un impacto significativo en la salud general.

Estas grasas se encuentran principalmente en productos ultraprocesados como galletas, frituras, margarinas baratas, pasteles industriales y comida rápida. Aunque muchas etiquetas indican “0% grasas trans”, la ley permite pequeñas cantidades por porción.

Esto hace que, consumidas de manera repetida, se acumulen más de lo que creemos. Por eso, leer los ingredientes es crucial.

La buena noticia es que existen sustitutos mucho más saludables. Los aceites de oliva, aguacate o girasol alto oleico son opciones ideales para cocinar sin añadir grasas dañinas. También se puede recurrir a frutos secos, semillas y pescados ricos en omega-3, que protegen el corazón. Reemplazar las grasas trans por estas alternativas mejora la energía y la salud.

Tomar conciencia del tipo de grasa que consumimos es un paso esencial para cuidar el bienestar. Optar por alimentos frescos y evitar los ultraprocesados reduce casi por completo la presencia de grasas trans en la dieta.

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