Sin autorización del Congreso: Trump ordena bombardeo masivo contra Irán
Donald Trump ordena ataque militar contra Irán sin autorización del Congreso. Es la segunda ofensiva en su segundo mandato y genera crisis política.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció la madrugada de este sábado el inicio de una operación militar de gran envergadura contra Irán, en una decisión que ha desatado una tormenta política en Washington por haber sido ejecutada sin autorización formal del Congreso de Estados Unidos.
En un mensaje transmitido desde la Casa Blanca, Trump afirmó que la ofensiva busca eliminar “amenazas inminentes” del régimen iraní y evitar que Teherán obtenga un arma nuclear. Sin embargo, más allá del tono beligerante del discurso, el punto más delicado es jurídico y constitucional: no hubo votación ni autorización legislativa previa para lanzar esta acción militar.
Advertencias de “muerte segura” y llamado a levantamiento interno
Durante el mensaje, Trump lanzó un ultimátum directo a la Guardia Revolucionaria Islámica:
“Deben deponer las armas y obtener inmunidad total o, de lo contrario, enfrentarse a una muerte segura”.
El mandatario también pidió al pueblo iraní no salir de sus casas porque “van a caer bombas por todas partes”, y los instó a “tomar el poder” una vez concluidas las operaciones.
El tono fue abiertamente intervencionista. Trump aseguró ser “el único presidente dispuesto” a atacar a Irán y sostuvo que ahora los iraníes tienen “un presidente que les da lo que ustedes quieren”, en referencia a un eventual cambio de régimen.
Segunda ofensiva contra Irán en su segundo mandato
Esta no es la primera vez que Trump ordena ataques contra Irán desde que regresó al poder. En junio pasado, su administración ejecutó la llamada operación “Midnight Hammer”, dirigida contra instalaciones nucleares en Fordo, Natanz e Isfahán.
Con el bombardeo actual, se trata de la segunda acción militar directa contra territorio iraní en menos de un año, un patrón que analistas consideran una escalada sostenida más que un hecho aislado.
Trump reiteró que su política es impedir “para siempre” que Irán posea armas nucleares y prometió destruir completamente su industria misilística y su marina.
Sin permiso del Congreso: el eje de la controversia
El aspecto más controvertido no es solo el ataque en sí, sino el procedimiento.
La Constitución estadounidense establece que el poder de declarar la guerra recae en el Congreso. Si bien los presidentes han invocado en el pasado facultades ejecutivas para acciones limitadas, una operación masiva y en curso como la anunciada reabre el debate sobre el uso unilateral de la fuerza militar.
Legisladores opositores han advertido que el presidente está ampliando peligrosamente el margen del Ejecutivo sin supervisión legislativa. Incluso algunos republicanos han mostrado inquietud ante el precedente que podría sentarse.
Argumentos de la Casa Blanca
En su discurso, Trump justificó la ofensiva recordando:
- La crisis de los rehenes de 1979.
- El atentado contra los marines en Beirut en 1983.
- El ataque al USS Cole.
- El respaldo iraní a grupos como Hamas.
Según el mandatario, Irán es “el principal Estado patrocinador del terrorismo en el mundo” y reconstruía capacidades nucleares tras el ataque previo.
También admitió que podría haber bajas estadounidenses:
“Valientes héroes podrían perder la vida… esto sucede a menudo en la guerra”.
Riesgo de escalada internacional
Líderes europeos han expresado preocupación por la magnitud del ataque. El presidente francés, Emmanuel Macron, pidió evitar una expansión del conflicto y reactivar canales diplomáticos.
La ofensiva ocurre en un contexto regional ya extremadamente volátil, con tensiones activas en Líbano, Siria, Yemen e Irak.
Un precedente delicado
Más allá del discurso combativo y las promesas de “aniquilar” capacidades militares iraníes, la decisión de actuar sin autorización del Congreso podría marcar uno de los momentos más polémicos del segundo mandato de Trump.
El ataque no solo redefine la relación de Washington con Teherán, sino que también reabre una discusión fundamental dentro de Estados Unidos:
¿hasta dónde puede llegar un presidente en el uso de la fuerza sin el aval del poder legislativo?
La respuesta a esa pregunta podría tener consecuencias políticas y estratégicas mucho más duraderas que la propia operación militar.
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