¿Quiénes son “Los Ardillos”? Grupo criminal que desplaza comunidades en Guerrero
Conoce quiénes son Los Ardillos, el grupo criminal ligado a desplazamientos y violencia en Guerrero. Historia, líderes, crímenes y su impacto en comunidades indígenas.
La violencia en el estado de Guerrero ha vuelto a encender las alertas tras los recientes enfrentamientos en el municipio de Chilapa, donde comunidades indígenas han sido desplazadas por la presencia de grupos criminales, entre ellos uno de los más temidos: Los Ardillos.
En los últimos días, cientos de familias han abandonado sus hogares en la región de la Montaña Baja, en medio de ataques armados, uso de drones y enfrentamientos que evidencian la capacidad operativa de este grupo.
Origen de Los Ardillos: de la amapola al control territorial
Los Ardillos surgieron a inicios de los años 2000 en el municipio de Quechultenango, bajo el liderazgo de Celso Ortega Rosas, conocido como “La Ardilla”.
Inicialmente, el grupo se dedicaba al cultivo de amapola para la producción de heroína, pero con el paso del tiempo evolucionó hacia una estructura criminal más compleja, diversificando sus actividades hacia:
- Extorsión (cobro de piso)
- Secuestro
- Control del transporte público
- Tráfico de drogas
- Explotación ilegal de recursos minerales
Tras el asesinato de su fundador en 2011, el liderazgo pasó a sus hijos, consolidando una organización familiar con fuerte arraigo regional.
¿Quiénes son los líderes actuales?
El grupo está encabezado por los hermanos Ortega Jiménez:
- Celso Ortega Jiménez
- Jorge Iván Ortega Jiménez
- Antonio Ortega Jiménez
- Bernardo Ortega Jiménez
Este último ha tenido participación política en Guerrero, lo que ha generado señalamientos sobre posibles vínculos entre crimen organizado y estructuras de poder local, aunque no todos han sido comprobados judicialmente.
Una década de violencia: ataques, masacres y control social
Los Ardillos han sido señalados como responsables de múltiples hechos violentos en Guerrero durante más de una década. Entre los más impactantes destacan:
- Masacre de músicos en 2020: asesinato de 10 integrantes de un grupo musical en Chilapa.
- Ataques a policías comunitarios: enfrentamientos constantes con grupos de autodefensa.
- Uso de menores armados: comunidades han incorporado niños a fuerzas de defensa ante la violencia.
- Desplazamiento masivo: cientos de familias obligadas a huir de sus comunidades.
Además, el grupo ha sido vinculado con prácticas extremas como decapitaciones y exhibición de cuerpos, utilizadas como mecanismo de control territorial y terror.
El conflicto actual: Chilapa bajo tensión
El reciente repunte de violencia en Chilapa ha sido atribuido al enfrentamiento entre Los Ardillos y otros grupos criminales, como “Los Tlacos”.
Organizaciones como el Congreso Nacional Indígena han denunciado la falta de intervención efectiva del Estado, mientras comunidades aseguran vivir bajo constante amenaza.
La situación ha provocado:
- Más de 800 familias desplazadas
- Decenas de muertos y desaparecidos
- Bloqueos carreteros y aislamiento de comunidades
Respuesta del gobierno y retos de seguridad
El gobierno federal, encabezado por Claudia Sheinbaum, ha señalado la necesidad de priorizar el diálogo y la atención a víctimas, aunque la estrategia ha sido cuestionada por comunidades afectadas.
Expertos en seguridad advierten que Guerrero es uno de los estados con mayor fragmentación criminal en México, con más de 40 grupos delictivos operando simultáneamente.
¿Por qué Guerrero sigue siendo foco rojo?
Entre los factores que explican la persistencia de la violencia destacan:
- Geografía montañosa que dificulta operativos
- Presencia histórica del narcotráfico
- Pobreza estructural en comunidades indígenas
- Disputa por recursos naturales y rutas de trasiego
Análisis: un conflicto que va más allá del crimen
El caso de Los Ardillos refleja un fenómeno más amplio en México: la transformación del crimen organizado en estructuras locales con control social, económico y político.
Más allá del narcotráfico, estos grupos ejercen funciones de facto en territorios donde el Estado tiene presencia limitada, lo que complica cualquier estrategia de pacificación.
La historia de Los Ardillos es también la historia de una región atrapada entre la violencia, la impunidad y la ausencia institucional.
Mientras no se atiendan las causas estructurales —como la pobreza, la corrupción y la falta de seguridad efectiva—, el ciclo de violencia en Guerrero difícilmente podrá romperse.

