Contratamos por competencias… despedimos por personalidad
Muchas empresas contratan por competencias, pero despiden por simpatía. Descubre cómo esta práctica destruye el talento y la cultura organizacional.
Hay una escena que se repite en muchas empresas…..
Publican una vacante con una lista de requisitos tan específica que pareciera que están buscando al hijo perdido de Steve Jobs con la disciplina de un marine, el carisma de un presentador de televisión y la paciencia de un monje budista.
«Se requiere liderazgo, pensamiento estratégico, orientación a resultados, trabajo en equipo, comunicación efectiva, resiliencia, innovación, manejo de conflictos, inglés avanzado y Excel intermedio.»
Después de cinco entrevistas, dos pruebas psicométricas, un estudio socioeconómico, referencias laborales, y una investigación que ni el FBI le hizo a Pablo Escobar… y casi una muestra de ADN… ¡Felicidades!
Encontraron al candidato ideal. Y tres meses después… lo despiden.
-No porque no supiera hacer su trabajo.
-No porque incumpliera indicadores.
-No porque hubiera perdido clientes.
No.
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Lo despiden porque… «Es que no hizo click con el jefe» Perdón… ¿Entonces estaban contratando un ingeniero… o buscando pareja en Tinder? Es fascinante… para contratar utilizamos competencias, pero para despedir utilizamos química, supuestos o hasta lectura de Tarot.
Imagínate que los hospitales funcionaran igual.
—Doctor, ¿por qué despidieron al mejor cirujano?
—Porque era medio serio…
¿Perdón?
¡Operaba corazones!
No era conductor de un programa matutino.
O imagina un piloto… aterriza dos mil vuelos sin un solo accidente.
Pero Recursos Humanos informa: «Detectamos poca sonrisa en los pasillos.»
Gracias por volar con nosotros. Lo mejor son las frases elegantes. Porque en Recursos Humanos somos expertos en ponerle perfume a las tragedias.
Nunca decimos: «El jefe no lo soportaba.»
No.
Decimos cosas como:
«No hubo alineación cultural.»
«No terminó de integrarse.»
«No conectó con el estilo de liderazgo.» Mi favorita… «No hizo match con el equipo.»
¿Match?
¿Qué sigue?
¿Que la evaluación de desempeño la haga Cupido? Y ojo. La personalidad sí importa. Claro que importa.
Nadie quiere trabajar con un patán. Pero una cosa es tener una mala actitud… y otra muy distinta es no reírte del mismo chiste malo del director.
Hay líderes que confunden afinidad con talento.
Creen que contratar a alguien parecido a ellos garantiza mejores resultados.
Es como formar una selección nacional con tus primos. Muy unidos… pero descendidos. Lo más peligroso no es despedir a una persona por caer mal. Lo peligroso es el mensaje que recibe toda la organización.
La gente deja de pensar.
Empieza a adivinar.
Ya no importa quién tiene la mejor idea.
Importa quién le ríe más fuerte los chistes al jefe.
Las juntas dejan de ser reuniones. Se convierten en funciones de stand-up donde el único comediante es el director…
y todos los demás se ríen por miedo a aparecer en la siguiente reestructura. Y entonces ocurre el verdadero desastre.
-Los buenos se cansan.
-Los mediocres aprenden el juego.
-Los lambiscones ascienden.
Y la empresa termina creyendo que tiene un problema de talento… cuando en realidad tiene un problema de espejos.
Porque sólo promueve y conserva a quien se parece al jefe. Después llegan las preguntas existenciales.
«¿Por qué se nos va la gente buena?»
«¿Por qué nadie quiere asumir responsabilidades?»
«¿Por qué las nuevas generaciones duran tan poco?»
No es un misterio.
Cuando el criterio para crecer deja de ser el desempeño y empieza a ser la simpatía… el talento hace exactamente lo que haría cualquier adulto funcional.
Actualiza su LinkedIn. Dicen que las empresas contratan por competencias.
Ojalá.
Porque algunas siguen despidiendo por personalidad… y promoviendo por capacidad extraordinaria para decir:
«Excelente idea, jefe.» Aunque la idea sea prender fuego al barco para ahorrar en calefacción.
Y luego nos preguntamos por qué la cultura organizacional se parece tanto a una telenovela.
La diferencia es que aquí los villanos usan gafete, toman café gratis y convocan juntas para hablar de innovación… mientras siguen tomando decisiones como si el organigrama fuera un concurso de popularidad.


