El gurú del liderazgo … que nadie quiere como jefe

Muchos hablan de liderazgo, pero pocos inspiran de verdad. Ana Martínez reflexiona sobre los jefes que confunden autoridad con miedo y liderazgo con popularidad.

Ana Martínez Ponce · Hace 1 hora
Man in a navy suit giving a presentation to colleagues in a boardroom, with a wall diagram featuring the word LEADER in the background.
Agréganos como tu fuente favorita en Google
Agrega INFOPODER en

Desconfío profundamente de las personas que hablan demasiado de liderazgo. No porque el liderazgo sea malo.
Todo lo contrario.

Desconfío porque he descubierto que, muchas veces, quien más necesita convencerte de que sabe liderar… es quien menos ha logrado que alguien quiera seguirlo. Y esa diferencia… cambia absolutamente todo. El liderazgo es como el mal aliento.
Casi siempre… el único que no se da cuenta de que lo tiene…es quien lo provoca. Hay líderes convencidos de que inspiran… mientras su equipo solo está esperando la quincena para irse. Todos conocemos a ese personaje.

Los lunes publica una frase de Simon Sinek.
Los martes comparte un video de Brené Brown.
Los miércoles recomienda un libro de John Maxwell.
Los jueves habla de liderazgo consciente.
Los viernes despide a alguien de su equipo a quien no le dio acompañamiento, porque no hubo tiempo Y el sábado… sube una foto brindando con todos.
«Mi equipo, mi segunda familia.» ¡Qué ternura!

Hay jefes que creen que una cubeta de cervezas corrige un año entero de malas decisiones. Como si la humillación tuviera happy hour. Como si el miedo desapareciera con una carne asada. Como si una selfie en la posada borrara doce meses de gritos.
No. Eso solo demuestra que sabes organizar una convivencia. No que sepas liderar personas.

Porque el liderazgo no se construye en el brindis de fin de año. Se construye un martes cualquiera a las 9:17 de la mañana. Cuando alguien se equivoca.Y tú decides si formas a una persona… o destruyes su confianza. El jefe que publica:»Las personas no renuncian a las empresas; renuncian a los malos líderes.» Miles de reacciones, cientos de aplausos… mientras, del otro lado de la pantalla, su equipo tiene otro chat.

Uno sin él.
«¿Ya viste lo que publicó?»
«¿Está hablando de sí mismo?»
«Qué cinismo…»
Porque los peores jefes tienen una cualidad extraordinaria. Jamás se enteran de que lo son. Ellos no son autoritarios, son «exigentes». No controlan. Dañan la «mediocridad». No humillan. «Dan retroalimentación.» No generan miedo. «Impulsan el alto desempeño.»

Qué maravilla hace el ego con el diccionario. He conocido expertos en inteligencia emocional… que pierden el control porque alguien les llevó la contraria. Promotores del desarrollo del talento…que despiden personas antes de invertir un solo minuto en desarrollarlas. Defensores de la innovación… que castigan al primero que piensa diferente o que propone hacer algo diferente Impulsores de la evaluación del desempeño… que casualmente nunca quieren ser evaluados. Curioso, ¿no? Para medir a los demás siempre hay tiempo. Para mirarse al espejo… nunca.

Después llega la frase favorita de estos personajes. «La gente ya no quiere trabajar.» O la clásica. «Era muy conflictivo.» Qué interesante. Porque casi nunca escucho decir: «Tal vez fui un mal jefe.» «Tal vez nunca di claridad.» «Tal vez confundí autoridad con intimidación.» «Tal vez el problema era yo.» Eso sí sería innovación.

Hay jefes convencidos de que tienen equipos comprometidos. y la realidad es que No. Tienen equipos con hipoteca. Con colegiaturas. Con renta. Con deudas. Con miedo. La permanencia no siempre significa liderazgo. A veces solo significa que las vacantes no abundan.

Te puede interesar

La Torre de Babel de la Inteligencia Artificial

Y esa verdad le produce urticaria al ego. Porque el ego necesita aplausos. El liderazgo necesita confianza. Y no son lo mismo. El liderazgo no se mide por cuántas personas te aplauden cuando sostienes un micrófono. Se mide por lo que dicen de ti cuando sales de la sala. Se mide por el resultado de un clima laboral cuando las respuestas son realmente anónimas.
Se mide cuando Recursos Humanos entrevista a alguien que renunció y escucha la verdad que nadie se atreve a decir en las reuniones. Se mide cuando un colaborador recibe una oferta de trabajo y, aun así, decide quedarse. Porque el liderazgo tiene una característica muy incómoda. No admite autopromoción. Ese título no te lo otorgas tú. Te lo concede la gente que ha trabajado contigo.


Los líderes inseguros viven obsesionados con parecer líderes. Los grandes líderes están demasiado ocupados siendo uno.
Y entre esas dos cosas…existe un abismo. El verdadero líder conoce tus debilidades… y no las usa para exhibirte en una junta.
Las usa para ayudarte a crecer. El verdadero líder sabe que tu hijo se rompió un brazo y te pregunta cómo sigue. Sabe que estás atravesando un divorcio.Y antes de pedirte un reporte…te pregunta cómo estás tú. Porque entiende algo que muchos gurús jamás entenderán. Las personas no trabajan para empresas. Trabajan con personas. Y nadie da lo mejor de sí para alguien que le inspira miedo.

Antes de publicar tu próxima frase motivacional sobre liderazgo… haz un pequeño experimento.
No revises cuántos «Me gusta» tuvo tu publicación.
Pregúntate algo mucho más incómodo.
Si mañana renunciaras… ¿Cuántas personas de tu equipo te seguirían por admiración… y cuántas respirarían aliviadas?
La respuesta… esa sí habla de liderazgo.

Te puede interesar

La abuelita sí hace el mejor mole… pero no por eso la pondrías a pilotear un avión

Agréganos como tu fuente favorita en Google
Agrega INFOPODER en

QUIZÁS PODRÍA INTERESARTE