No eres un Gran Reserva… así que deja de creer que los años, por sí solos, te aumentan el valor

Los años en una empresa no garantizan un ascenso. Descubre por qué la evolución profesional vale más que la antigüedad y evita convertirte en "vinagre".

Ana Martínez Ponce · Hace 1 hora
Experiencia vs antigüedad: la diferencia entre crecer y repetir.
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Hay empleados que envejecen como un Gran Reserva… y otros como el yogur olvidado hasta el fondo del refrigerador. En ambos casos pasaron los años. La diferencia estuvo en lo que ocurrió por dentro. Hay una mentira que se sirve todos los días en las oficinas. Generalmente viene acompañada de café recalentado, galletas Marías de la sala de juntas y la sentencia favorita del colaborador profesionalmente ofendido:
—»Ya me toca el ascenso.» Lo dice con la convicción de quien cree que el simple paso del tiempo es una habilidad.

Como si las carreras profesionales funcionaran igual que una cava francesa… Dejas a una persona diez años sentada en el mismo escritorio, respirando el mismo aire acondicionado, sobreviviendo a las mismas juntas que pudieron ser un correo, escuchando las mismas quejas sobre Recursos Humanos y viendo las mismas presentaciones en PowerPoint… y, por arte de magia, un día despierta convertida en un Gran Reserva.

¡Lamento romper la ilusión.!
Así no funciona el vino……. Y mucho menos las personas.
Porque existe un detalle que muchos desconocen: no todo el vino mejora con los años. Solo mejoran aquellos que fueron creados para hacerlo. Los demás simplemente envejecen.
Pierden aroma.
Pierden cuerpo.
Pierden valor.
Y algunos… terminan convertidos en vinagre.

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En las empresas sucede exactamente igual. Todos conocemos a ese personaje. El que lleva quince años en la empresa.
El que asegura haber visto pasar seis directores, cuatro gerentes y tres reestructuras. El que siempre empieza una conversación con:
—»Cuando yo entré aquí…» Es un hombre —o una mujer— con opiniones para absolutamente todo.
Si Recursos Humanos organiza una capacitación… «Pérdida de tiempo. Yo eso ya lo sé.»
Si invitan a una conferencia… «Trajeron al conferencista equivocado.»
Si la empresa cambia un proceso… «Antes estaba mejor.»
Si hacen una fiesta de fin de año… «¿Pollo? En la empresa donde yo estaba daban salmón.»
Si regalan una taza…»Hubieran dado una tarjeta.»
Si dan una tarjeta… «Hubiera preferido efectivo.»
Si llueve… «Ya sabía que iba a llover.»
Si sale el sol…»Hace demasiado calor.»
Es una especie extraordinaria. No importa lo que ocurra. Siempre encuentra una razón para demostrar que el universo conspira específicamente para arruinarle el día.

Es el crítico gastronómico de la comida de los eventos o la comida del comedor. El auditor de las posadas. El sommelier de los regalos corporativos. El entrenador de la Selección Nacional desde su escritorio.
Y, por supuesto, el Director General honorario de Recursos Humanos… sin haber trabajado un solo día en Recursos Humanos.
Porque según él, todo podría hacerse mejor. Curiosamente… Nunca se ofrece para hacerlo.

También es el primero en decir: —»Ya me toca el ascenso.»
Pero es el último en levantar la mano cuando aparece un proyecto complicado. Quiere dirigir personas… pero evita cualquier responsabilidad que no venga en su descripción de puesto. Quiere decidir… pero le aterra equivocarse. Quiere reconocimiento… pero considera que aprender algo nuevo es una pérdida de tiempo porque «eso ya se lo sabe».

Y aquí aparece la diferencia entre el tiempo y el crecimiento. Hay personas que tienen diez años de experiencia.
Y hay personas que tienen un solo año… repetido diez veces.
-Repitieron las mismas ideas.
-Los mismos errores.
-Las mismas excusas.
-Las mismas quejas.
-Los mismos chistes sobre el lunes.
-El mismo miedo al cambio.
-El mismo rechazo a cualquier cosa que implique salir de la zona cómoda.
Eso no es experiencia. Eso es repetición.

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Las empresas no ascienden calendarios. Ascienden personas. No premian al que más tiempo sobrevivió. Premian al que más evolucionó.
Porque la antigüedad demuestra una sola cosa:
Que el reloj siguió avanzando.
El liderazgo demuestra otra muy distinta:
Que tú también avanzaste con él.

Los grandes vinos no valen más porque pasaron diez años encerrados en una cava. Valen más porque, mientras el tiempo transcurría, dentro de la botella ocurría una transformación.
Las personas funcionan exactamente igual.
Puedes pasar quince años ocupando la misma silla… ..o quince años convirtiéndote en alguien a quien esa silla ya le quedó chica.

¿Cómo saber si te estás convirtiendo en un Gran Reserva… o en vinagre?
✔ Aprendes algo aunque nadie te lo pida.
✔ Enseñas sin sentir que compartes un secreto de Estado.
✔ Propones más de lo que criticas.
✔ Levantas la mano antes de levantar la ceja.
✔ Cambias de opinión cuando aparecen mejores ideas.
✔ Hablas de soluciones más veces de las que hablas de culpables.
✔ Entiendes que un ascenso no es un premio por resistir… es una consecuencia de evolucionar.

Porque, al final, el tiempo pasa para todos. La pregunta nunca ha sido cuántos años llevas en la empresa.
La verdadera pregunta es mucho más incómoda:
Cuando alguien destape tu botella profesional… ¿encontrará un Gran Reserva… o descubrirá que hace años te convertiste en vinagre?

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