La oficina es un reino medieval
¿Y si las empresas modernas fueran, en realidad, reinos medievales? Esta columna utiliza el humor para retratar a directores, gerentes, Recursos Humanos y empleados como personajes de una monarquía donde el verdadero poder no depende del organigrama, sino de las alianzas.
Nos mintieron… Nos hicieron creer que trabajábamos en organizaciones modernas, horizontales, innovadoras y orientadas al talento… pero no. La verdad es que la mayoría trabajamos en un reino medieval con acceso a internet, café gratis y una suscripción a Zoom.
El director general es el rey.
Habita en un castillo al que pocos tienen acceso. Su agenda es un misterio, sus decisiones son designios divinos y cada vez que aparece en un recorrido por las instalaciones, la gente se pone de pie, sonríe y finge que todo marcha de maravilla.
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Los directores son la nobleza.
Visten mejor, hablan un dialecto extraño compuesto por palabras como «sinergia», «alineación», «eficiencia» y «rentabilidad», y tienen la extraordinaria capacidad de asistir a reuniones sobre otras reuniones para preparar futuras reuniones.
Los gerentes son los señores feudales.
Gobiernan pequeños territorios y defienden sus dominios con la misma pasión con la que un dragón protege el oro. Son capaces de librar guerras épicas por una silla, una impresora, un presupuesto o un analista de Excel que sepa hacer tablas dinámicas.
Recursos Humanos es la iglesia.
Custodia las normas, escucha confesiones, intenta obrar milagros y procura mantener la paz entre las distintas tribus. De vez en cuando organiza actividades de integración para convencer a la población de que todos son una gran familia. Nadie les cree, pero todos se comen el pastel.
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Finanzas es el recaudador de impuestos.
Tiene una sola misión en la vida: impedir que alguien gaste dinero. Cada vez que un gerente solicita un presupuesto, un analista financiero aparece entre las sombras y pregunta:
—¿Es realmente necesario?
Tecnologías de la Información es el alquimista del reino.
Habla una lengua incomprensible, vive rodeado de pantallas y promete que, después de la siguiente actualización, todo funcionará perfectamente. Naturalmente, nada funciona perfectamente.
Compras es el mercader.
Siempre aparece con un proveedor extraordinario, una oportunidad irrepetible o una propuesta revolucionaria que, curiosamente, requiere la aprobación de otras diecisiete personas.
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El área jurídica es el consejo real.
No importa cuál sea la pregunta. La respuesta siempre es la misma: —Depende.
El empleado nuevo es el escudero.
Llega lleno de sueños, entusiasmo y esperanza……seis meses después, ya domina el antiguo arte de aparentar tranquilidad mientras suena la alarma de un problema que nadie quiere resolver.
Y luego está el personaje más fascinante de todos.
El veterano del reino.
Ese hombre o esa mujer que lleva diez años en la organización y ha sobrevivido a tres crisis, cinco reorganizaciones, siete directores y doce planes estratégicos. Es una criatura legendaria.
No teme a nada.
No se impresiona con nadie.
Y posee el conocimiento más valioso de todo el reino: Sabe dónde están enterrados los cuerpos.
Con el paso del tiempo, el empleado descubre la verdad.
Las promociones son alianzas.
Los presupuestos son conquistas.
Las reuniones son batallas diplomáticas.
Los correos electrónicos son palomas mensajeras con amenazas implícitas.
Y las frases «lo revisamos más adelante» y «hay que replantearlo» son, en realidad, formas elegantes de enviar a alguien al exilio.
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Sin embargo, el mayor engaño es otro.
Todos creen vivir en una república.
Todos hablan de transparencia, colaboración y horizontalidad.
Pero, en el fondo, saben que viven en una monarquía. Y como en toda monarquía, el verdadero poder no está en el organigrama.
Está en las alianzas.
Que Dios proteja al rey.
Y, sobre todo, a los habitantes del reino.
Porque la junta de las ocho de la mañana está por comenzar…


