“No eres tú, es la estructura”: bienvenido a la friendzone corporativa

Mauricio lleva años esperando que La Empresa finalmente se dé cuenta de que él era el indicado. Cada vacante parece ser “la buena”. Cada conversación de desarrollo vuelve a encender la esperanza. Pero quizá ese “todavía no” lleva demasiado tiempo significando “no”.

Ana Martínez Ponce ·  10 DE SEPTIEMBRE DE 2026
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Mauricio lleva once años en la empresa.
Mauricio y La Empresa tienen una relación especial.
Han pasado muchísimo juntos:
-Cierres.
-Auditorías.
-Cambios de dirección.
-Reestructuras.
-Dos implementaciones de ERP.
-Una pandemia.
-Tres fiestas de fin de año bastante cuestionables.
-Y aquel 2023 del que Recursos Humanos prefiere no hablar.

Mauricio siempre ha estado ahí.
Fiel.
Disponible.
Esperando…
Porque Mauricio sabe que algún día La Empresa finalmente se dará cuenta de que él era el indicado.
Sólo necesita tiempo. Como toda relación tóxica.

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No le muevas, porque se rompe

La primera vez que quedó libre una gerencia, Mauricio se emocionó. Esta es.
Actualizó su CV.
Sacó el traje bueno.
Hasta empezó a hablar en plural:
—Cuando nosotros desde la gerencia…
Pero contrataron a alguien de fuera.
La Empresa habló con él.
—Mauricio, queremos que sepas que eres sumamente valioso para nosotros.
¡Carajo!. Todos sabemos lo que viene después de esa frase.
Es el equivalente laboral de: “Eres un hombre increíble y cualquier mujer sería afortunada de tenerte.”
Cualquier mujer. Menos yo.
—En este momento buscamos un perfil diferente, pero queremos seguir desarrollándote.
Mauricio entendió: “Todavía no estoy listo para una relación.”

Y esperó. Dos años después volvió a quedar libre una posición.
Mauricio ya había madurado. Había tomado cursos.
Conocía más el negocio.
Tenía más experiencia.
Había sobrevivido a dos directores y cuatro reorganizaciones.
Ahora sí.
La Empresa volvió a llamarlo. —Mauricio, nadie conoce esta compañía como tú.
Se le aceleró el corazón.
—Eres fundamental para nosotros.
YA CASI.
—Y precisamente por eso necesitamos que apoyes muchísimo a la persona que acabamos de contratar para la posición…
Ah.
JAJAJA.
La Empresa no solamente eligió a otro.
Le pidió a Mauricio que le enseñara al nuevo novio cuales son las flores favoritas
Eso ya no es friendzone.
Eso es crueldad organizacional con prestaciones superiores a las de ley.

Pero Mauricio aceptó.
Porque Mauricio sabe esperar. Y aquí es donde empezamos a meter el veneno de verdad.
Porque Mauricio no solamente espera.
Mauricio empieza a resentirse.
Cada nuevo gerente que llega no es un compañero.
Es el ser que ocupa su lugar.
—No conoce el negocio.
—Yo llevo más años.
—A mí me preguntan todo.
—Yo termino resolviendo todo.
—Ese puesto perfectamente lo podría hacer yo.
Puede ser. O no.
Porque aquí aparece una de las verdades más incómodas de la vida corporativa:
Que quieras un puesto no significa que estés preparado para él.
Y llevar quince años esperando tampoco genera derechos de antigüedad sobre una silla.
Una promoción no es una tanda.
No porque hayas puesto durante muchos años significa que eventualmente te toca cobrar.

Pero Mauricio no contempla esa posibilidad.
Porque en toda buena friendzone existe una fantasía fundamental:
“En el fondo sí me quiere. Sólo todavía no se ha dado cuenta.” Y La Empresa tampoco ayuda.
Porque cada vez que Mauricio empieza a cansarse, ella aparece.
—Estamos revisando tu desarrollo.
Mauricio vuelve.
—Vienen cambios importantes.
Mauricio se emociona.
—Queremos considerarte para futuros movimientos.
Mauricio cancela LinkedIn Premium.
—Eres pieza clave.
Mauricio cumple otro aniversario.
Mugre Empresa manipuladora.
No quiere casarse con Mauricio.

Pero tampoco quiere que Mauricio conozca gente.
-Porque resulta que Mauricio sabe demasiado.
-Resuelve cosas.
-Conoce la operación.
-Contesta el teléfono.
-Y además cuesta muchísimo menos que contratar a alguien con el puesto que Mauricio cree merecer.
Así que lo mantienen suficientemente cerca para que no se vaya… y suficientemente lejos para que no llegue.
La definición perfecta de una friendzone. Hasta que un día Mauricio se vuelve ese personaje que todos conocemos.
El hombre que lleva doce años diciendo:
“Esta empresa está de la fregada.”
La dirección está mal.
Los procesos están mal.
Los nuevos están mal.
Los ascensos están mal.
Recursos Humanos está mal.
La estrategia está mal.
La cultura está mal.
Probablemente el café también está mal.
Mauricio detesta absolutamente todo de la compañía.
Mauricio tiene 23 días de vacaciones acumulados.
Y ahí viene la pregunta que nadie quiere hacer:
Si llevas años convencido de que aquí jamás te van a valorar como mereces…
¿qué diablos sigues haciendo aquí? Porque también hay que decirlo:
La puerta abre hacia los dos lados.

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Y quizá la conversación más dolorosa de la carrera profesional no es cuando una empresa te dice que no.
Es cuando tú finalmente entiendes que ese “todavía no” lleva ocho años significando “no”. Hay empleados esperando una promoción como hay gente esperando que su “casi algo” deje a la novia: interpretando cada mensaje como una señal del universo. La empresa también tiene responsabilidad.
Si sabes que Mauricio no tiene las competencias… díselo.
Si sabes que no lo contemplas para esa posición… díselo.
Si necesita desarrollar determinadas habilidades… díselo.
Y si, después de diez años, sabes perfectamente que jamás lo vas a sentar en esa silla, deja de decirle que “más adelante”.
Porque hay algo bastante cobarde en mantener a una persona motivada con una posibilidad que internamente ya sabes que no existe.
-No es desarrollo.
-No es retención.
-No es gestión del talento.
Es breadcrumbing corporativo.
Le das una migajita de futuro cada vez que parece que se va.
Y funciona.

Otro año. Mauricio quizá algún día se vaya. O quizá no.
Quizá siga esperando.
Quizá aparezca otra vacante.
Quizá vuelva a pensar: “Ahora sí.”
Y La Empresa volverá a llamarlo.
Le dirá que es importantísimo.
Que nadie conoce el negocio como él.
Que valoran profundamente todos estos años.
Mauricio volverá a emocionarse.
Porque el amor es ciego.
Y la esperanza corporativa, aparentemente, también.
Pero quizá algún día alguno de los dos tenga la conversación adulta.
La Empresa:
“Mauricio, esa posición no va a ser tuya.”
O Mauricio:
“Entendido. Entonces voy a buscar un lugar donde sí pueda construir la carrera que quiero.”
Y aunque duela, probablemente sería lo más sano que les haya pasado en años.
Porque desarrollar a alguien es ayudarlo a avanzar.
Retenerlo es darle razones para quedarse.
Pero mantenerlo durante una década esperando una promoción que probablemente nunca llegará… no es desarrollo ni retención.
Es friendzone corporativa.
Y como en cualquier friendzone que se respete: uno lleva años esperando que formalicen… y el otro lleva años esperando que capte la indirecta.

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