Mucho talento. Lástima que venga contigo

Un currículum brillante puede abrir muchas puertas. Lo que no siempre revela es cómo se comporta su dueño cuando alguien lo contradice, comete un error o necesita ayuda. Una mirada irónica a las contrataciones que parecen extraordinarias hasta que el equipo tiene que convivir con ellas.

Ana Martínez Ponce · Hace 4 horas
El currículum es maravilloso. ¿Y la persona que viene con él?.
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Imagínate que una amiga te cuenta que conoció al hombre perfecto… Tiene un gran trabajo, conversa delicioso, cocina como los dioses y hace ejercicio. Cuerpo marcado, bronceado impecable y, en lugar de dientes, una colección de perlas perfectamente alineadas. Además, sabe cambiar una llanta sin convertirlo en una conferencia sobre masculinidad.

Una joya. Para ponerle seguro y guardarlo en una caja fuerte.

Solo tiene un pequeño detalle: cuando se enoja deja de hablarte cuatro días, trata mal a los meseros y cualquier discusión termina siendo culpa de su ex. La ex ni está, pero aparentemente sigue administrando el desastre. —Pero fuera de eso, es maravilloso. Claro. También el departamento tiene mucha luz natural. Lástima que se esté incendiando.

Desde afuera resulta facilísimo:
—Amiga, date cuenta. Ahí no es.
Hasta que llegamos a la oficina, revisamos un currículum espectacular y hacemos exactamente lo mismo.
Experiencia internacional. Maestría. Inglés avanzado. Resultados extraordinarios.
Nos enamoramos de un PDF como quien lleva tres semanas hablando con alguien por WhatsApp y ya está viendo escuelas para los hijos.
Todavía no sabemos cómo reacciona ante un “no”, pero ya le conseguimos computadora.
Entonces alguien nos advierte:
—Tiene algunas áreas de oportunidad en el trato, pero conoce muchísimo del negocio.
Ah, perfecto.
En el amor vemos una bandera roja y organizamos una intervención. En la empresa le ponemos sueldo, estacionamiento y ocho personas a cargo.

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Todos quieren contratar a Dr. House. Hasta que les toca trabajar con él

Las habilidades tienen dueño las empresas no contratamos conocimientos que flotan por los pasillos.
“La planeación estratégica” no llega sola el lunes, saluda a recepción y pregunta dónde puede conectar su computadora.
Llega una persona que sabe planear.
Y con ella llegan su manera de escuchar, de reaccionar cuando la contradicen, de compartir información y de asumir que cometió un error.
Todo eso se sienta a trabajar con nosotros. Puedes incorporar a alguien que sabe muchísimo y te explica sin hacerte sentir una falla del sistema educativo.
O a alguien que administra cada dato como si estuviera protegiendo la ubicación de una fosa clandestina.
—¿Me compartes el archivo?
—¿Para qué lo necesitas?
Para envolver un regalo, Ricardo. Siempre quise una base de proveedores con moño.

Puedes contratar a alguien que resuelve problemas y descubrir que necesita fabricar tres para que se note que resolvió uno.
Porque hay personas que quieren que las cosas funcionen.
Y otras que necesitan que nada funcione sin ellas.
A estas últimas solemos llamarles indispensables. A veces lo que tenemos es información secuestrada con prestaciones superiores a las de ley.
La habilidad importa. También importa lo que su dueño hace con ella cuando tiene que trabajar con otros. El lunes llega el paquete completo¨ Revisamos conocimientos, certificaciones, idiomas y resultados anteriores. Confirmamos que la persona puede hacer el trabajo.
Pero también vamos a compartir los lunes.
Los errores.
Las urgencias.

Ese momento en el que todo se complica y descubrimos qué quería decir con “excelente capacidad para trabajar bajo presión”.
En ocasiones quería decir que sabe distribuirla de maravilla.
Él sigue tranquilo. El equipo ya está buscando si su seguro cubre el rechinido de dientes.
Por supuesto que necesitamos gente preparada, con ambición y capacidad para resolver. Pero conviene observar si su manera de trabajar ayuda a los demás a responder o los obliga a gastar media jornada administrando sus reacciones.
Si hay que estudiar su estado de ánimo antes de pedirle una cifra, ya incorporamos una tarea que nadie presupuestó.
—Hoy no le preguntes. Viene complicado.
¿El cierre?
—No. Él.

Qué tranquilidad. Contratamos a un especialista y terminamos consultando el pronóstico del carácter. Mismo conocimiento. Distintas ganas de renunciar. Imagina a dos personas con conocimientos y experiencia similares.
A la primera le preguntas algo y te explica. Si no tiene la respuesta, la busca. Si detecta que puedes equivocarte, te avisa antes de que entregues.
La segunda suspira.
Ese suspiro que te hace sentir que interrumpiste la secuenciación del genoma humano para preguntar dónde guardan las grapas.
Después responde lo mínimo indispensable y te deja claro que debiste haber nacido sabiendo.
Las dos tienen conocimiento.
Con una, el equipo aprende y busca hacer cosas extraordinarias
Con la otra, aprende a no preguntar y a guardar silencio sepulcral.
Y un día alguien tiene una duda importante, recuerda la última humillación y decide resolver como puede.
Se equivoca.
Entonces convocamos una junta para investigar por qué faltó comunicación.
Qué intriga. Traigan al de Sistemas, a ver si el miedo se arregla reiniciando el módem.

Aquí el asunto deja de ser solamente si alguien resulta agradable.
Su forma de convivir influye en la información que circula, en las dudas que se resuelven y en los errores que alcanzamos a evitar.
El equipo empieza a trabajar alrededor de esa persona: calcula cuándo acercarse, qué omitir y cuánto puede decir sin pagar las consecuencias.
Toda esa energía también podría estar usándose para hacer el trabajo. El error también te presenta
En una entrevista casi todos somos responsables, colaborativos y abiertos a la retroalimentación.
También en enero casi todos vamos a hacer ejercicio.
Hay que ver cuánto duran esas declaraciones después de la primera incomodidad.
Te equivocaste en una cifra.
¿Avisas antes de que alguien tome una decisión con ella? ¿Explicas qué pasó y ayudas a corregirla?
¿O revisas la cadena de correos hasta encontrar a alguien que haya escrito “enterado” para convertirlo en cómplice?
Necesitas ayuda.
¿La pides a tiempo?
¿O prefieres comprometer una entrega antes que permitir que alguien descubra que tienes límites, como cualquier otro mamífero?
Un compañero propone una buena idea.
¿La escuchas, la mejoras y reconoces de quién fue?
¿O la dejas morir en la junta para resucitarla el jueves con tu nombre?
Qué milagro tan conveniente. La idea volvió de entre los muertos y ahora te reporta.

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En esos momentos conocemos algo que el currículum no explica: cómo trabajas cuando las cosas dejan de acomodarse a tu favor.
Asumir un error permite que otros actúen. Ocultarlo los obliga a decidir con información falsa.
Ahí una reacción personal puede convertirse en un problema para todo el negocio. Que me caigas bien tampoco te hace competente
Ahora, cuidado con usar todo esto para contratar personas idénticas a nosotros.
—Hicimos clic desde el primer momento.
Precioso. ¿Puede hacer el trabajo o encontraste con quién quejarte del trabajo?
Una persona reservada puede ser generosa con su conocimiento. Alguien encantador puede desaparecer justo cuando hay que asumir una responsabilidad.
Y quien te contradice puede estar viendo el riesgo que tú pasaste por alto.
Escucharlo quizá te ahorre una mala decisión, aunque te arruine cinco minutos de autoestima.

Necesitamos personas capaces de disentir, hacer preguntas incómodas y defender una postura. También necesitamos que puedan escuchar, construir acuerdos y tratar con respeto a quien piensa distinto.
—Es que yo tengo mucho carácter.
Muy bien. ¿Y quién se hace cargo de él?
Porque “yo soy así” puede explicar por qué algo te cuesta.
Los demás todavía tienen derecho a hablar de lo que les cuesta a ellos. También llega gente con la que todo funciona mejor
Y aquí hay una parte que merece más atención.
La persona que avisa a tiempo.
La que comparte el archivo completo.
La que documenta para que otro pueda continuar.
La que puede decir “me equivoqué” sin convocar primero a su equipo de defensa.
Quizá no hace una entrada espectacular en cada reunión. Pero después de trabajar con ella hay más claridad, más conocimiento compartido y menos asuntos atorados.
Su aportación también se ve en lo que permite que los demás consigan.
A veces nos deslumbra tanto quien resuelve una crisis que apenas miramos a quien trabaja todos los días para evitarla.
Claro: prevenir tiene pésimo sentido del espectáculo.
No hay incendio, no hay héroe y no hay cuarenta diapositivas contando cómo nos salvó.
Solamente hay trabajo bien hecho.
Qué vulgaridad. Así cómo le damos un reconocimiento frente a todos.
Vale la pena mirar a esas personas con más atención. Tal vez su talento está haciendo menos ruido porque nadie necesita recuperarse después de trabajar con ellas.

Antes de reenviárselo a alguien… Al contratar, conviene ir más allá de la lista de logros.
Preguntar cómo los consiguió. Con quién. Qué ocurrió cuando hubo desacuerdos. Qué hizo después de equivocarse y qué cambió a partir de eso.
Porque las empresas incorporamos a la persona que pone las habilidades en práctica. Su manera de reaccionar, escuchar y convivir empieza a formar parte del día de los demás.
Y quienes ya estamos dentro debemos soportar las mismas preguntas.
Resulta facilísimo evaluar el carácter del candidato mientras llamamos “mi estilo” a todo lo que nuestro equipo ha aprendido a aguantarnos.
Todos queremos trabajar con alguien que sepa.
También queremos poder preguntarle, confiar en lo que comparte y señalarle un error sin tener que activar un protocolo de evacuación.
El currículum puede explicar por qué te contrataron.
Quienes trabajan contigo saben qué pasó después.

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Los Sentimientos de la Empresa

Así que, antes de mandarle esta columna a alguien con un “me acordé de ti”, pregúntate:
Después de trabajar a tu lado, ¿los demás pueden hacer mejor su trabajo o necesitan recuperarse de ti?
Y si no sabes la respuesta, quizá puedas preguntárselo a tu equipo.
Aunque primero tendrás que conseguir que se atreva a contestarte.
Porque a lo mejor, mientras tú presumes tu trayectoria, alguien ya está explicándole tu carácter al nuevo:
—Pero fuera de eso, es maravilloso.

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