ONU: la IA duplicará el consumo de agua y energía para 2030
Un informe de la ONU advierte que el crecimiento de la inteligencia artificial provocará que los centros de datos dupliquen su consumo de agua y energía para 2030, aumentando también las emisiones de CO₂ y los residuos electrónicos.
El acelerado crecimiento de la inteligencia artificial (IA) podría tener consecuencias ambientales mucho más profundas de lo que se pensaba. Un nuevo informe elaborado por investigadores de la Universidad de las Naciones Unidas advierte que los centros de datos que alimentan esta revolución tecnológica duplicarán su consumo de electricidad y agua antes de que finalice la década.
El estudio señala que, si no se implementan políticas de sostenibilidad más estrictas, la expansión de la infraestructura necesaria para operar sistemas avanzados de IA podría incrementar significativamente la presión sobre recursos críticos como el agua, la energía, el territorio y los minerales estratégicos.
La inteligencia artificial también tiene una huella física
Aunque para millones de usuarios la inteligencia artificial parece ser simplemente una aplicación o un software, detrás de herramientas como chatbots, asistentes virtuales, generadores de imágenes y modelos de lenguaje existe una enorme infraestructura física compuesta por centros de datos, sistemas de refrigeración, redes eléctricas, servidores de alto rendimiento y miles de procesadores especializados.
El informe del Instituto de Agua, Medio Ambiente y Salud de la Universidad de las Naciones Unidas destaca que la creciente adopción de la IA está acelerando la construcción de nuevas instalaciones tecnológicas en todo el mundo.
«El debate público sigue tratando a menudo la IA como software, pero la IA es también infraestructura física», explicó el investigador Kaveh Madani, director del instituto y autor principal del reporte.
Centros de datos consumirán tanta electricidad como Japón
Los datos presentados por la ONU muestran la magnitud del fenómeno.
Durante 2025, los centros de datos consumieron aproximadamente 448 teravatios-hora (TWh) de electricidad, una cantidad superior al consumo anual de países completos como Arabia Saudita.
De ese total, cerca del 20% estuvo relacionado directamente con aplicaciones de inteligencia artificial.
Sin embargo, las previsiones para 2030 son aún más impactantes.
Los investigadores estiman que el consumo energético anual de los centros de datos alcanzará los 945 TWh, más del doble del nivel actual y una cifra comparable a la demanda eléctrica de Japón, una de las economías más desarrolladas del planeta.
Además, la participación de la inteligencia artificial dentro de ese consumo crecerá hasta representar aproximadamente el 40% de toda la energía utilizada por los centros de datos.
El enorme costo hídrico de la revolución tecnológica
Uno de los aspectos menos visibles del desarrollo de la IA es el uso intensivo de agua.
Los centros de datos requieren sistemas de refrigeración permanentes para evitar el sobrecalentamiento de miles de servidores que operan de manera continua las 24 horas del día.
Según el informe, en 2025 estas instalaciones consumieron alrededor de 4.5 billones de litros de agua, volumen suficiente para cubrir las necesidades básicas de más de 600 millones de personas en África subsahariana.
Las proyecciones indican que para 2030 el consumo podría elevarse hasta 9.3 billones de litros anuales, prácticamente el doble en apenas cinco años.
Esta situación preocupa especialmente en regiones donde ya existen problemas de estrés hídrico, sequías recurrentes o conflictos por el acceso al agua.
También crecerán las emisiones de carbono
El crecimiento de la infraestructura digital también tendrá consecuencias sobre las emisiones contaminantes.
El estudio calcula que los centros de datos generaron aproximadamente 189 millones de toneladas de dióxido de carbono (CO₂) durante 2025.
Para finales de la década, esa cifra podría aumentar hasta 399 millones de toneladas anuales, impulsada por la creciente demanda de electricidad para alimentar sistemas de inteligencia artificial cada vez más complejos.
Aunque muchas empresas tecnológicas han anunciado inversiones en energías renovables, los expertos advierten que la velocidad de expansión de la IA podría superar la capacidad de los sistemas energéticos limpios para abastecer la demanda adicional.
Más territorio ocupado y más residuos electrónicos
La ONU también alerta sobre otros impactos menos discutidos.
La superficie destinada a centros de datos podría crecer de aproximadamente 6 mil 900 kilómetros cuadrados en 2025 a más de 14 mil 500 kilómetros cuadrados en 2030, lo que implica una expansión territorial significativa para albergar nuevas instalaciones tecnológicas.
A ello se suma el aumento de residuos electrónicos derivados de la rápida obsolescencia de servidores, procesadores y equipos especializados para inteligencia artificial.
La fabricación de estos dispositivos requiere grandes cantidades de minerales estratégicos como litio, cobre, níquel y tierras raras, cuya extracción también genera impactos ambientales.
El desafío: innovación sin comprometer los recursos
Los investigadores reconocen que la inteligencia artificial puede contribuir a resolver algunos problemas ambientales mediante la optimización de redes eléctricas, la mejora en la gestión del agua, la reducción del desperdicio industrial y una mayor eficiencia logística.
Sin embargo, advierten que esos beneficios podrían verse parcialmente anulados si la expansión de la infraestructura tecnológica continúa sin una planificación adecuada.
Según Kaveh Madani, la carrera global por liderar el desarrollo de la IA está impulsando una competencia en la que el crecimiento acelerado suele prevalecer sobre los principios de sostenibilidad.
Una carrera tecnológica con implicaciones globales
La advertencia de la ONU llega en un momento en que gobiernos y empresas tecnológicas de todo el mundo destinan miles de millones de dólares a la construcción de nuevos centros de datos para sostener la creciente demanda de inteligencia artificial generativa.
Gigantes tecnológicos como Microsoft, Google, Amazon y Meta han incrementado sus inversiones en infraestructura durante los últimos años, impulsando una carrera global por desarrollar modelos cada vez más potentes.
El desafío para la próxima década será encontrar un equilibrio entre la innovación tecnológica y la sostenibilidad ambiental. De lo contrario, la revolución de la inteligencia artificial podría traer consigo un costo ecológico mucho mayor del que actualmente perciben usuarios, empresas y gobiernos.
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